Perspectiva Mensual Abril 2020

INVEX Análisis

ECONOMÍA

Nuestro pronóstico de crecimiento para el PIB México en 2020 se reduce de 0.9% a (-)6.0% a tasa anual ante la parálisis que ya registran los principales sectores de la economía nacional. El sector más perjudicado será el industrial ya que, además del freno en la actividad interna ocasionado por las medidas de contingencia, la caída de nuestros principales socios comerciales se traducirá en una menor demanda por exportaciones de petróleo y manufacturas (principalmente en la parte automotriz).

Estimamos que la economía de México registrará una fuerte contracción de (-)6.0% a tasa anual en 2020. No es únicamente un freno en la actividad de los sectores catalogados como no esenciales por el Gobierno el que generará un fuerte efecto negativo sobre el PIB. También debe considerarse una fuerte caída en la actividad global que impactará sobre el comercio exterior de nuestro país. Al cierre de este reporte, las mayores armadoras de autos en Estados Unidos mantenían un paro en la producción e incluso algunas se concentran en producir equipo médico necesario para hacer frente a la crisis sanitaria.

El golpe será fuerte, sobre todo en el segundo trimestre de este año. La recuperación será pausada y se manifestaría hasta 2021 si no se implementan políticas públicas que detonen proyectos productivos y aumenten la confianza de los inversionistas. Los riesgos para el crecimiento de este año y el próximo se mantienen a la baja mientras las autoridades en México no anuncien programas que apoyen significativamente a los hogares y a las empresas del país durante la contingencia sanitaria.

El panorama para la economía de México no era positivo antes de la pandemia. Hasta el cierre de marzo, los indicadores adelantados más relevantes corresponden a febrero y éstos no han sido buenos. El desempleo aumentó, la construcción se mantiene a la baja, las exportaciones petroleras (y el precio del petróleo) registran fuertes caídas y las importaciones disminuyen ante una menor demanda por bienes de consumo, de capital y de bienes intermedios que se utilizan en la producción manufacturera. A todo esto, hay que agregar una nueva caída en la confianza del sector privado ante la falta de claridad en algunas decisiones del Gobierno, así como la falta de proyectos productivos que detonen la inversión y el crecimiento del país.

La caída en el comercio y los servicios podría extenderse ya que, ante una falta de recursos ocasionada por la brusca interrupción en el ingreso de muchos hogares y empresas, la reactivación del consumo podría ser lenta, incluso cuando haya pasado lo más grave. El desempleo se mantendrá elevado, más aún si las empresas que pararon actividades por la contingencia no logran reactivarse rápido (o no logran reactivarse del todo). Ocurre lo mismo con los servicios de transportación de pasajeros, servicios turísticos, de alojamiento y de esparcimiento, para los cuales anticipamos un panorama negativo más allá del segundo trimestre de este año.

El panorama para la construcción y la minería (principalmente extracción petrolera) también se ha deteriorado. De acuerdo con nuestro análisis, los únicos sectores que podrían salir beneficiados temporalmente por la contingencia son los de servicios de salud y los de actividades primarias (sector agropecuario). Debido a que este último es esencial para la alimentación, anticipamos un importante crecimiento en los meses más severos de la crisis considerando que ni México ni otros países cerrarán sus fronteras al comercio.

No descartamos una nueva revisión a la baja en nuestro estimado de crecimiento si los indicadores adelantados de actividad económica registran un deterioro mayor al previsto.

TASAS Y TIPO DE CAMBIO

Durante marzo, ante el agravamiento del riesgo sanitario en el panorama mundial, que ha llegado a un escenario sin precedentes; la Reserva Federal de Estados Unidos actuó de forma contundente, no sólo con fuertes bajas de tasas, sino con inyección de liquidez. Debido a ello las tasas de interés de largo plazo en registraron mínimos históricos. En México, Banco de México bajó la tasa de referencia adelantando la fecha de la reunión de política monetaria una semana y tomó una serie de medidas para mantener la liquidez del sistema financiero.

Las condiciones de aversión al riesgo en los mercados financieros globales tocaron niveles extremos. Los inversionistas descuentan una recesión global. Derivado de lo anterior y ante el impacto que la pandemia del COVID 19 está teniendo en los Estados Unidos, la Reserva Federal actuó contundentemente con todas las herramientas disponibles de la política monetaria. Primero, el día 3 de marzo bajó 50 puntos base la tasa de referencia y la dejó en el rango de 1% a 1.25%, para el día 15, la disminuyó en 100 puntos base y dejarla en el rango del 0% al 0.25%, y sumaron medidas de compras de activos, swaps de dólares con otros bancos centrales, liberación de requerimientos de capital a bancos privados, entre otras que ayudaron a disminuir el riesgo sobre la liquidez en los mercados, así como el posible impago de muchas empresas con relación a su deuda.

Los réditos a plazos largos en EE.UU. llegaron a mínimos históricos. La tasa del bono del tesoro a 10 años tocó el nivel de 0.56% y al cierre del mes se ubicó en 0.68%, con una baja punta a punta de 48 puntos base. Sin embargo, la volatilidad se hizo presente y después de que la FED disminuyó a cero la tasa de referencia, los bonos largos tocaron sus máximos del mes en 1.25% en la parte de 10 años. Esto también se debió a que el Gobierno y el Congreso aprobaron un plan por más de 2 billones de dólares para apoyos directos a las familias, recorte de impuestos, apoyos a pequeñas y medianas empresas, lo que implicaría un aumento de los niveles de la deuda pública con relación al PIB de 10 puntos porcentuales. Si bien la pronta actuación del Gobierno y de la FED desactivaron riesgos potenciales sobre la liquidez y el riesgo de crédito en la mayoría de los segmentos corporativos aún podrían surgir nuevos elementos de riesgo que pudieran volver a generar volatilidad y presión en las tasas en dólares. Esto podría surgir en la deuda de estados y municipios.

En Europa, el Banco Central Europeo aplicó un programa de compra de activos públicos y privados por €750 mil millones de euros y el Banco de Inglaterra bajó la tasa de interés de referencia a 0.10% y aumentó su balance por £200 mil millones de libras para apoyar a la liquidez.

En México, ante esta situación, el Banco de México decidió adelantar su decisión de política monetaria una semana y bajó la tasa de referencia en 50 puntos base a niveles de 6.5%. Así como una serie de medidas para disminuir los costos de liquidez en el sistema bancario y cubrir demanda de dólares por medio subastas de crédito utilizando la línea de la FED, la primera se hizo por 5 mil millones de dólares, de 60 mil millones de dólares y subastas de intercambio de emisiones gubernamentales recogiendo plazos largos y dando cortos.

Dado el difícil contexto y las consecuencias económicas negativas por el impacto del COVID-19 y la baja en los precios del petróleo, la calificadora Standard & Poor’s redujo la calificación del riesgo de crédito soberano y de PEMEX de BBB+ a BBB. Esto derivado por el aumento de la debilidad de las finanzas públicas y de PEMEX.

Observamos un fuerte aumento de la volatilidad de las tasas de interés; el bono con vencimiento de 10 años operó en un rango de 6.33% a 8.26% con un cierre en niveles alrededor de 7.07%. Las medidas que aplicó el Banco de México, tanto de subasta de dólares, como de intercambio de valores gubernamentales, ayudaron a bajar la volatilidad ligeramente y por lo tanto también estabilizar los niveles de la curva.

Es difícil anticipar que hará Banxico con la política monetaria. Por un lado, una baja se argumentaría dado que la caída del crecimiento influirá en una menor inflación, sumado a la caída de los precios de la gasolina; asimismo, ayudaría a disminuir el costo financiero del Gobierno. Sin embargo, con la baja en la calificación soberana y la que seguramente realizará Moody’s, el Banco pudiera ser muy precavido con los siguientes movimientos de baja para no generar un nuevo episodio de presión y volatilidad en tasas de interés.

Con este escenario, el tipo de cambio registró un nuevo máximo histórico de $25.44 pesos por dólar, a pesar del diferencial de tasas entre dólares y pesos que cerró en 648 puntos base y un máximo en el mes de 718 pb. La salida de flujos por el fuerte riesgo global derivado del COVID-19, no sólo a nivel local, sino en la generalidad de los emergentes, afectó en mayor medida al peso, a pesar de los altos niveles de las tasas. Al cierre del mes observamos niveles de $23.7 pxd. Es difícil precisar un estimado en que se pudiera estabilizar el tipo de cambio para los siguientes meses. Todo dependerá de la recomposición de las actividades económicas, las medidas que tome el gobierno y los resultados sobre las finanzas públicas y de PEMEX.

BOLSAS

En 2020, el desempeño accionario en cada mes ha resultado peor que el anterior. En marzo las bolsas sumaron nuevas pérdidas a los ajustes que registraron en enero y febrero, y entraron en corrección al caer más de 20% desde su máximo histórico más reciente. La razón de esta baja sigue siendo el impacto del COVID-19 en la economía. México no es ajeno a esta tendencia, el S&PBMV cerró el mes en niveles no vistos desde 2011.

En marzo, el índice MSCI que incluye emergentes (ACWI) retrocedió (-) 14%, el S&P 500 cayó (-) 13%, el Stoxx Europe 600 un (-) 15% y el índice S&PBMV IPC de la bolsa mexicana perdió (-) 16 por ciento.

La paralización de diversas ciudades a raíz del COVID-19, ya sea por cuarentenas obligadas o voluntarias, para intentar frenar la velocidad de los contagios impacta de forma importante a la economía global. Las medidas de estímulo monetario y fiscal sin precedentes generan sólo una calma pasajera ante la duda de si serán suficientes y al revelar la emergencia en la que nos encontramos. Las autoridades han tenido que actuar fuera de calendario y cambiando planes de austeridad fiscal que antes eran la bandera de los gobiernos.

Las estimaciones que se han atrevido a hacer algunos analistas sobre el impacto económico parecen poco precisas y cargadas de supuestos ante un escenario nunca antes visto. Pocas empresas dan una guía clara de lo que deberíamos esperar en sus próximos resultados corporativos (que se publicarán en abril).

La temporada de reportes y las guías de las empresas podría no ayudar a calmar a los inversionistas ante un entorno que amenaza con continuar deteriorándose y con una crisis económica que podría complicar la recuperación en utilidades una vez superada la contingencia sanitaria.

A pesar de las caídas que experimentan las bolsas, podríamos no estar aún en el nivel más bajo que veremos en el corto plazo si no hay evidencias de un control de la pandemia.

Es difícil hacer una estimación para el S&PBMV IPC ante la fuerte volatilidad que experimentamos y con la incertidumbre del tamaño del impacto económico y el tiempo que tomará la recuperación. Presentamos un nuevo estimado de 37,700 puntos al ajustar las valuaciones por menores múltiplos que probablemente prevalecerán en el corto plazo. Una vez que conozcamos los resultados del 1T-20 y tengamos mayor información sobre el impacto en las empresas podríamos hacer una nueva estimación al modificar el EBITDA contemplado en la muestra.

Nos enfrentamos a un escenario nunca antes visto y por lo tanto no existen parámetros previos que pudiéramos tomar como referencia. Si bien en 2009 la bolsa cerró positiva a pesar del episodio de la influenza A H1N1, no existió una parálisis en las operaciones como la actual; además de que las bolsas no venían de máximos históricos y la economía se recuperaba de una recesión. La perspectiva para el segundo trimestre es de resultados adversos.

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