México: una nube de incertidumbre

Me llama la atención que en los distintos diálogos que realizo sobre la difícil situación actual, hay un lugar común en donde ya sea colegas o clientes mencionan que México no se ve tan mal.

Tal vez la rígida posición de disciplina fiscal, bajo endeudamiento y elevadas tasas de interés generan confianza en que los ajustes seguirán siendo por el lado del crecimiento.

Reconozco que he sido de los principales promotores de las virtudes de este mecanismo de ajuste que existe en nuestra economía desde hace un par de décadas al menos.

Lamentablemente, el choque que vemos en la economía global no es de dimensión común, quizás sea el más severo desde la crisis del 2008–2009.

La violencia de los mercados puede hacer vulnerable nuestra aparente posición privilegiada, el tema es que hay cosas que se vuelven muy inciertas y en donde las autoridades no parecen dar prioridad a una comunicación eficaz.

Al momento de escribir estas líneas hay un fuerte sentimiento de asombro por parte de muchos con respecto a la calma con que las autoridades en México abordan el tema del contagio de Covid-19, declarado el día de ayer por la Organización Mundial de Comercio como pandemia; es decir, como el contagio de una nueva enfermedad que se extiende a todo el mundo.

Nuestra economía se encuentra en una situación de estancamiento que no puede más que agravarse con la parálisis del sector manufacturero global y la interrupción de circuitos en el mundo, principalmente en Estados Unidos, en donde persisten las dudas sobre la expansión del contagio, pero en donde ya hay efectos que impactan la actividad económica como la cancelación de eventos públicos e incluso el posible cierre de algunas localidades afectadas por el virus.

La idea de una recesión global no puede llevarnos en otra dirección más que hacia un crecimiento más bajo (negativo, entonces) en este trimestre y posiblemente en el siguiente.

El impacto sobre el sector industrial ya debe sentirse y se han perdido las expectativas de que en este semestre haya una recuperación visible en la actividad económica. Si en el mundo hay una profunda incertidumbre sobre el crecimiento debemos asumir que en México también.

Por otra parte, el impacto del bajo precio del petróleo genera un velo de indefinición con relación a la situación de Pemex, así como de las finanzas públicas. Es correcto que existen coberturas que aseguran un precio de venta cerca de los 49 dólares por barril, pero no sabemos qué porcentaje del volumen de exportación ha sido cubierto; también es cierto que la venta de gasolina importada deberá aportar un margen de impuestos al gobierno que pudiera compensar la falta de recursos provenientes de la venta de petróleo, pero no sabemos en qué magnitud.

Por último, el ajuste del tipo de cambio, de permanecer, le puede otorgar recursos adicionales a la cuenta pública por los remanentes que el Banxico tendría en el valor de las reservas internacionales.

Es cierto, la situación en México parece más sólida que en muchos otros lados (en el mundo emergente), pero hay un costo de permanecer ocho, nueve o 12 trimestres con un crecimiento de cero o negativo.

Si tenemos cuentas tan claras, hay que manifestarlas en su mayor extensión posible, no basta decir que hay coberturas sobre el precio del petróleo, ¿por qué no decir su alcance? ¿Por qué no precisar las ganancias que se tienen por el cobro de gasolina con un impuesto especial en su máximo posible?

Más aún, ¿por qué no se instrumentan acciones que contrarresten el riesgo y traten de restablecer circuitos cerrados por el estancamiento? ¿Por qué México no es capaz de adoptar una política de emergencia contracíclica?

Eso implica solicitar al Congreso un aumento temporal del déficit público y orientarlo a impulsar la actividad a través de obra pública o acciones de rápido efecto en el empleo y en la situación de los hogares afectados.

¿Será que las implicaciones de adoptar medidas como la descrita pueden significar un costo muy alto para la administración? A ningún gobierno le debe ser agradable reconocer que no tiene manera de generar crecimiento, pero ¿hasta dónde se puede preferir la opción de asumir tal costo?

En el mundo vemos a las autoridades, unas más y otras menos, reaccionar con acciones, decisiones y planes de contingencia ante una amenaza de un periodo recesivo muy incierto; en México no se percibe esta agilidad.

Más bien, se abre un espacio mayor de incertidumbre del que había al inicio del año y ello no es bueno para nuestras variables financieras; por ello el premio por riesgo de nuestros activos ha subido.

perspectivas@invex.com

Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Mexico-una-nube-de-incertidumbre-20200312-0038.html

Rodolfo Campuzano
Director de Estrategia y Gestión de Portafolios | INVEX Banco