El albur fiscal americano

Hay un cambio de percepción muy evidente entre los inversionistas globales en este año. Este tiene que ver con el giro que hay en el desempeño de la economía y las circunstancias que lo determinan. La principal es la política de fuerte impulso fiscal en Estados Unidos. Esta nueva condición despierta temores que permanecían velados y un escepticismo que se refleja en las tendencias inciertas de los mercados.

Después de la crisis del 2008–2009, la estrategia de recuperación económica recayó principalmente en un estímulo inédito de política monetaria, traducido en una elevada creación de dinero y la reducción de las tasas de interés a su mínima expresión.

El experimento tuvo resultados poco perceptibles durante muchos años en los que persistió un crecimiento raquítico de la demanda agregada y por ende elevados niveles de desempleo y capacidad no utilizada. Por lo mismo, la inflación se mantuvo en niveles muy bajos.

Por su parte, los precios de los activos, financieros y no financieros se elevaron como nunca en la historia (precios de acciones, bonos, inmuebles y hasta obras de arte).

Para este año, el gobierno en Estados Unidos ha aprobado una fuerte expansión del gasto fiscal y al mismo tiempo una reducción sustantiva de la tasa de impuesto sobre la renta.

Las estimaciones son notables: el déficit fiscal norteamericano, que hoy se ubica en 88% del PIB aproximadamente, podría subir en el transcurso de los próximos dos o tres años a niveles superiores a 100 por ciento.

El planteamiento, siguiendo la receta que John Keynes elaboró desde hace cerca de 80 años, considera que con estas medidas las tasas de crecimiento de la economía superarán 3% en los próximos 10 años, lo que generará la suficiente recaudación para que el déficit fiscal se revierta.

Sólo que Keynes planteaba esta solución para detonar un círculo virtuoso de crecimiento en una etapa de depresión económica en donde la demanda agregada necesitase un motor que le diera vida.

Una vez generado este ciclo positivo, las políticas fiscales deberían ser restrictivas; es decir, tendientes a aumentar los impuestos y a reducir el gasto para no caer en desequilibrios posteriores.

Esta segunda etapa casi nunca ha resultado bien a lo largo de la historia. Aquí en México hemos sido testigos de un episodio parecido en donde se pretendió “mover” al país con un mayor déficit fiscal que se revertiría con las extraordinarias tasas de crecimiento que nunca llegaron.

Por eso los inversionistas muestran escepticismo. ¿Con respecto a qué? 1) La aparición de presiones inflacionarias derivadas de la fortaleza de la demanda agregada; 2) la reacción de la Fed que advierte que seguirá normalizando (subiendo) las tasas de interés conforme la inflación se mueva por encima de su objetivo (del cual está muy cerca); 3) con relación a los elevados niveles del endeudamiento que por ahora provocarán un déficit mayor en la parte fiscal, con la consecuencia de mayor presión al alza sobre las tasas; y 4) a la elevación de los déficit comerciales que pueden atizar el ánimo proteccionista del actual gobierno.

La estimación es que Estados Unidos verá crecer tanto su déficit público como el externo (cuenta corriente) en una gran magnitud en este año. Financiarlo requiere atraer recursos que implican una tasa de interés mayor y una moneda débil. Por eso las tasas han subido en una proporción relevante y por eso las estimaciones apuntan a que el dólar se debilitará aún más contra el resto de las monedas (incluyendo al peso, por cierto).

El crecimiento de Estados Unidos luce muy bien, pero se juega una carta muy ruda que en otros episodios ha costado revertir. El presidente Clinton logró reducir el déficit fiscal en gran parte debido a que se encontró con enormes avances en la productividad provocados por el desarrollo de la capacidad de cómputo y el Internet.

Ahora no se visualizan estos elementos y además la política fiscal expansiva se ha aplicado en una parte del ciclo en donde ya existía una tendencia de recuperación.

Me pregunto si, al cabo de dos o tres años más, Estados Unidos tiene una mayor inflación, tasas de interés más elevadas, un dólar más débil y un crecimiento fincado de nuevo en un elevado endeudamiento, significa que ha vuelto a ser “grande de nuevo”… suena complicado.

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Esta columna se publica semanalmente en el periódico El Economista, en versión impresa y online.

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Rodolfo Campuzano
Director de Estrategia y Gestión de Portafolios | INVEX Banco